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Radiología

Durante más de un siglo la radiación X viene siendo un instrumento muy valioso para visibilizar el interior del cuerpo humano. Esta capacidad de obtener imágenes se utiliza ampliamente para detectar y diagnosticar enfermedades y lesiones, gestionar los cuidados del paciente y conducir numerosas formas de tratamiento.

Dado que en todos los estudios con rayos X se imparte energía capaz de ionizar los átomos de los tejidos, se deben tomar medidas específicas para reducir al mínimo los riesgos que ello implica a los pacientes,evitando cualquier exposición a la radiación que no sea imprescindible para obtener las imágenes que se necesitan para realizar el diagnóstico.

En todas las técnicas de imagen por rayos X, el haz con el se que irradia al paciente está controlado por el operador del equipo. Se deben ajustar las características del haz de rayos X para optimizar, es decir, lograr el equilibrio crítico entre la calidad de imagen y la exposición del paciente. Si bien existen diversos ajustes que afectan a este equilibrio, dos de éstos son especialmente importantes: el de la tensión eléctrica (o diferencia de potencial) aplicada al tubo de rayos X, que se expresa en kilovoltios (kV), y el de la carga del mismo (también llamada “producto de la intensidad de corriente por el tiempo de exposición”), que se expresa en mAs. La optimización del proceso se basa en gran medida en el adecuado equilibrio entre kV y mAs para cada exploración de rayos X.

Si bien existen algunos principios de protección que son comunes a todos los métodos de imagen por rayos X, gran parte de las principales cuestiones y medidas de protección dependen de los métodos y modalidades mencionados anteriormente.

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