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Público en general

1. ¿Cuáles son los riesgos de la radiación para el público?

El público puede estar expuesto a la radiación procedente de un paciente que ha recibido un tratamiento con radionúclidos por las siguientes vías:

  • radiación externa emitida por el paciente, por proximidad (como en el transporte público),
  • contaminación interna por incorporación de fluidos corporales radiactivos procedentes del paciente,
  • exposición a través de las vías ambientales, entre los que se incluyen el alcantarillado o a la red de canalización del agua, o por el humo procedente de la cremación de cuerpos.

Al público se le aplica el límite normal de dosis de 1 mSv en un año. La exposición del público a la radiación procedente de la terapia con radionúclidos se produce normalmente por exposición externa, con escasa (si no nula) incidencia de contaminación interna y de exposición ambiental. Las directrices específicas para el alta del paciente proporcionan normalmente la información necesaria para el radionúclido y terapia específicos.

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2. ¿Qué precauciones debe tomar el paciente si tiene que utilizar regularmente el transporte público?

Si la duración de los viajes sentado al lado de una persona que ha recibido un tratamiento con radiofármacos no supera unas cuantas horas, éstos pacientes rara vez representan un peligro, a excepción de aquellos a los que se haya administrado dosis terapéuticas de yodo-131 superiores a los 1000 MBq.

Tomemos por ejemplo el caso de un paciente al que se ha tratado de hipotiroidismo con 600 MBq de yodo-131. En una hora diaria de viaje en el transporte público en la primera semana después de la terapia, y nueve horas al día en la segunda semana sentado junto a la misma persona, impartirá una dosis efectiva inferior a 1 mSv.

Los miembros de la familia tendrían que viajar durante siete horas diarias en la primera semana y veinticuatro horas al día durante la segunda, sentados al lado del paciente tratado de hipotiroidismo, para recibir una dosis efectiva aproximada igual a la restricción de 5 mSv por episodio. En otras palabras, normalmente, no se necesitan restricciones para los viajes.

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3. ¿Dañará la radioactividad procedente del paciente al medio ambiente?

El radionúclido que más se vierte al medio ambiente después de la terapia es yodo radiactivo (yodo-131). Dado que éste tiene un período de semidesintegración de 8 días, se puede detectar en pequeñas cantidades en el medio ambiente en general después de su uso médico. Sin embargo, debido al alto grado de dilución en una instalación y la dispersión al mezclarse con el resto de los efluentes normales, y el largo tiempo que ha de transcurrir para que esta actividad vaya al ecosistema, el impacto ambiental puede ser mínimo, y a menudo ni siquiera será detectable.

En algunos países es obligatorio almacenar a corto plazo los residuos hospitalarios (generalmente sólo orina) que contengan radionúclidos de los pacientes terapéuticos hospitalizados, hasta que la actividad haya decaído hasta un determinado nivel. No obstante, la ICRP no pide específicamente que se adopte esta medida.

Respecto a los radionúclidos que se emplean en la terapia paliativa del dolor óseo, se recomienda en esta guía que, cuando el tratamiento se administre a un paciente en régimen ambulatorio, éste debe evacuar la vejiga al menos una vez antes de salir del hospital.

En países en los que el sistema social y las infraestructuras hagan aumentar la probabilidad de que los pacientes dados de alta puedan ocasionar exposiciones más elevadas, puede ser necesario hospitalizar a los pacientes (sometidos a tratamiento ambulatorio), o alargar el tiempo de hospitalización normal.

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4. El paciente está sometido a hemodiálisis periódica. ¿Supone esto un riesgo?

Se han notificado casos de contaminación significativa de las máquinas de diálisis. En los casos en que puede haber contaminación leve con yodo-131 en artículos desechables tales como vías o bolsas de residuos, éstos se pueden simplemente almacenar en un lugar blindado y seguro durante varios períodos de semidesintegración para que decaiga la actividad. Aparte de esto, no se necesita ninguna precaución adicional en hemodiálisis.

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5. ¿Cómo se eliminan los residuos radioactivos procedentes de los pacientes? ¿Supone esto un riesgo?

El problema principal son las excreciones radiactivas (orina y heces). Las directrices específicas para el alta de los pacientes de la terapia recomiendan que los niveles de radiactividad excretada sean lo suficientemente bajos como para que no se superen los límites de dosis al público. Además, la ICRP no recomienda que se almacene la orina de los pacientes de terapia, lo cual aportaría un beneficio mínimo, e incluso puede dar lugar a una mayor exposición por manipulación adicional e innecesaria de la orina. El Informe de Seguridad 63 del OIEA también coincide con esta recomendación. Es más seguro y sencillo verter simplemente la orina al alcantarillado. El blindaje inherente a la estructura del alcantarillado, la dilución y por último la desintegración del radionúclido reducirán la actividad a niveles mínimos.

Otros residuos, como los vendajes, normalmente acaban en la basura o en una incineradora. Una vez más, siguiendo las directrices específicas para el alta de los pacientes de terapia, cualquier actividad liberada será extremadamente baja e indetectable.

Los residuos sólidos del paciente durante su estancia en el hospital es un problema diferente. Normalmente se incineran a altas temperaturas, junto con otros residuos biológicos (lo cual no representa un problema de contaminación). También se pueden guardar por un tiempo para permitir que el decaimiento radiactivo reduzca la actividad a un nivel aceptable. Los períodos de semidesintegración relativamente cortos de los radionúclidos utilizados con fines terapéuticos facilitan la gestión de este problema.

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